lunes, 21 de diciembre de 2015

Lo irrepetible



Me despierto
 y me envuelve la luz.
Yo atisbo en ella
intentando entrever  el cariz  que trasluce,
agrisado a alegre,
el semblante del día.

Los ojos no me dan para más más llanto
ni las junturas para más parrandas.

Pido un atregua al cielo
y opto por lo menos oneroso.

Me dedico al quehacer gratificante
de dejarme llevar por  el impulso
de la dulce molicie.

A despojar mis ojos de corazas,
a riesgo de quedar en desamparo
ante la intensidad de la sorpresa

A permitir  que inunde
la claridad mi vida.

  Yo la contemplo
con la misma emoción  reverenciosa
de aquel que redescubre  su milagro
con la mirada limpia
de la  primera vez.

Con la misma fruición desesperada
del desdichado lúcido que sabe
que puede ser la última.

Y  tiene la certeza ,en cualquier caso,
de que  el destello  lábil que desflora el instante
al tiempo que  conmueve al cristalino
 y  se vuelve humedad,
es este.

Y siempre  es  único .