sábado, 7 de mayo de 2016

Abril




Antes de que volviéramos a colgarla en la pared, la pequeña mano amarilla había permanecido caída y olvidada en la parte trasera del altar durante un tiempo indefinido. 
Entre la abigarrada muchedumbre de exvotos que forraban el frontal del pequeño santuario, no era extraño que su desaparición hubiese pasado desapercibida. 
Por otra parte,  el santero y yo nos acercábamos  solo de vez en cuando a reponer las lamparillas y a retirar las flores secas.  Ese día  acudimos juntos y ,al reparar en ella,le buscamos un hueco donde acomodarla. 

Enseguida nos dimos cuenta y  celebramos, regocijados ,la coincidencia.¿ Qué pacto habría hecho con el diablo para conseguir aquel lugar privilegiado?

A poco que hubiese podido estirar los dedos podría haber rozado la tersura  del seno blanquísimo.

Se ve que , al fin y al cabo,aun a muy duras penas  , como enjambre de aromas, Abril logró colarse por el estrechez frugal del  ventanuco con su tropel de  afanes y de urgencias.