domingo, 22 de mayo de 2016

Mansión deshabitada





A mí no me preguntes.

Yo tampoco lo sé.

¿ Cómo ha ocurrido
que  el cóctel de ilusión
y estrellas rutilantes sobre un cielo de agosto 
 que había en mi mirada
se haya convertido  en  una líquida
resaca en la que flotan 
residuos de una   luz amortajada.

En qué momento
tu corazón dejo de ser un bailoteo
de alegría vital sobre las ascuas
de la pasión
y , sin  casi sentirlo , su entusiasmo
se transformó en cenizas.

Cómo se trastornó la resonancia
 entre nuestros espíritus y nuestas manos
se fueron distanciando.

Será que estamos hechos
de materia caduca.

Que por más que queramos 
y empeñemos
en ellos nuestra sangre y nuestra vida,
los sueños, sueños son
y no suelen cumplirse.

Y menos si pretenden liberarnos 
de ser ensimismadas
criaturas solitarias e infelices.

A mí no me preguntes.

Como tú,
carezco de respuestas y no tengo argumentos
para explicar  por qué existe la esperanza
solo para poder seguir desesperando

 Solo tengo esta inmensa  sensación de tristeza
que me embarga y me oprime.

Que me obliga al suplicio de pasarme las horas
viviendo  por vivir
como quien sobrevive como ánima en pena
vagando por estancias donde no entra el sol
dentro de una mansión desahabitada.

Llegados a este punto
yo solamente sé  que nada sé...

Y que  nunca te exime
de pagar tu tributo al dolor la ignorancia.