domingo, 18 de septiembre de 2016

Oficio de penumbras




Las alas no ha fallado,
ha sido el aire
el que no quiere hacerme más favores.

Y la luz se apresura
a seguir tras sus pasos y a ofrecerme
su variado catálogo de eclipses.

Por negarme , me niega
hasta su trino el pájaro.

Pero yo siempre he sido
de los de alma dúctil , que se ahorma
a cualquier privación.

De los que sobreviven
y entre cenizas medran.

Siento cómo me crecen
las ganas de volver a ser crisálida.


*****

Ya casi me resulta placentero
existir en penumbra.

Sentarme en un rincón
a observar como el tiempo se desliza
sobre la superficie de las cosas
y las va triturando,
sin sentir
ni frío , ni calor , ni azoramiento
ante el celo que pone en los expolios.


De qué puede servir vivir con desazón ,
cuando el final
desde el principio ha sido el cumplimiento
del veredicto cruel ,
que estuvo siempre ahí,
irrevocable,
sobre tu piel escrito.


Mejor no rebelarse inútilmente
y tratar de gozar del espectáculo
de tanta obsolescencia programada.

Mientas el cielo aguante sobre nuestras cabezas
y el aliento nos llegue.

Mientras sigan ardiendo los crepúsculos.

Y en los ojos nos quede algún fulgor.


*******


Abrazar la distancia te permite
enfrascarte a placer en su liturgia ,
amante de oficiar desde lo oscuro,
e incluso aquilatar
cómo se consolida tu desmoronamiento.


Soy la ausencia de todos
y el recuerdo de nadie.

Y no me importa,
contra todo pronóstico, lo cierto
es que nada me importa.

Conocer mi insolvencia me produce
una extraña quietud ,
algo suave que evoca la dulzura
de aquello que fue un día lo más cercano a un soplo
 de la la felicidad
y me aboca a aceptar sin dolor mi evidencia.


Que no soy ni el espectro de mí misma.

Y a ser esto que ahora
el curso de la vida me reclama.

La sombra de una sombra que va desvaneciéndose
sentada en un rincón.