domingo, 11 de septiembre de 2016

Rutinas






Levantarme, mirarme en el espejo

y no reconocer el amargado

rictus que luce el rostro abotargado,

cada hora más viejo.


Vivir un día más bajo el dictado

de arrastrar por el mundo mi pellejo

llevando eternamente el peso añejo

de Adán y su pecado



Un gesto , por mil veces repetido

no consigue cobrar mayor sentido

ni ser más trascendente.


Pero habrá que intentarlo, toca ahora

la rutina del verso que a deshora

cuenta en palabras lo que pecho siente.


Añagaza elocuente ,

música que sorprende al aire y lo enamora

hasta que le sonsaca la brisa que lo aviente.