lunes, 19 de diciembre de 2016

Milagro mínimo


Quisimos conocer si era verdad
que los amantes pueden lograr, de proponérselo,
el tiempo detener.

Yo me dejé llevar del abandono
que el cuerpo me pedía,
tú libaste las mieles que mi boca
gustosa te ofrendaba,
mientras que me brindabas los licores
que tus labios guardaban en secreto.


Ni tú ni yo supimos
lo que duró aquel beso.

Y ni falta que hacía...

Ser nosotros,
entonces lo entendimos,
es la mejor manera que tenemos
para abrirle la puerta a los milagros.

Y ,aun pareciendo mínimo,
no es el menor de ellos
este que hace posible que dos almas
 a una se ensimismen y  a compartir alcancen 
en  comunión su aliento.

Poco importa
que corran los minutos,
o que siglos enteros se  evaporen.

Nosotros ya bebimos
el néctar de la copa reservada
a los predestinados,
a aquellos que les cabe
 penetrar la entraña del misterio.

A saber que un instante

en brazos del amor es la medida
de nuestra singladura y sus contradiciones.

Que nos desvela
la magia de lo efímero.

Y la dicha indecible  de vislumbrar lo eterno .