domingo, 8 de enero de 2017

Redundando en la rosa


Puedes mirar la flor
y desnudarla
voluptuosamente con los ojos.


Puedes sentir su tacto,
la caricia
del carmín de su seda crepitante
y, cegado de ardor por poseerla,
cortarla y reducirla a un ruin despojo
que sangra y languidece.

Que se va deshojando entre tus dedos,
esperando su fin mientras exhala
su olor más insinuante

Pero por eso no será más tuya.

Sabes que aunque se entregue,
esparciendo su esencia sobre el aire
y penetrando en ti sin concesiones
ni siquiera ese aroma que te obsequia,
sutil y embriagador, te pertenece.

Solo es tuya  la idea perdurable
que crea en  tu interior de la belleza