sábado, 14 de enero de 2017

Tardes de paseo



No se oye ni un gorjeo.

Hoy los pájaros hacen
dejación de su oficio.
Apenas si rebullen, son languidez absorta
en la porfía de desentrañar
los misterios del día.

Un estupor que tiembla
con las alas mojadas.

No llueve y sin embargo
se diría que el mundo supura una infinita
melancolía acuosa ,
que va imponiendo al aire
un insalubre lastre enrarecido
de húmeda aflicción.

En su irreal textura
se quedan enredados los rumores
y crece ese silencio riguroso
que crea un espejismo de sosiego.


Ya casi ni si atreve
el corazón medroso a quebrantarlo
con su repiqueteo preceptivo.

Le confía a la sangre
la encomienda de dar el testimonio
de su esperanza impávida,
su murmullo discreto ,
si es que se escucha atento, oiremos que repite
como una cancamusa,
la canción primordial , tiempo atrás ya olvida.

Aquella que celebra el futuro perfecto,
que solamente saben los niños inocentes,
los locos de remate,
los poetas.

Aquella que recuerda que siempre  le suceden
a las  hoscas mañanas de niebla y calofrío
las soleadas tardes de paseo .