lunes, 27 de febrero de 2017

Los sobrevivientes

Siempre lo supo,
la tierra y no el cemento
es lo que trajo escrito en su adeene.

La ciudad tiene el alma de granito.

Aquí solo prosperan
las aves que no cantan.

Los hombres que se aviene sin quejarse
a soportar el frío.

A ir sobreviviendo siendo otro rostro anónimo
entre la masa de los sobrevivientes.

A no mirar a un cielo
en el que nunca brillan las estrellas,
pues fueron desbancadas
por deslumbrantes luces de neón.

Sabe lo perentorio
de buscar sus raíces en los parques
de árboles anémicos y césped amarillo.

Sin más expectativa
que hacer de sus paisajes fabricados
señal de identidad.

  Y sentarse en un banco recoleto
a darle de comer a las palomas
 rumiando soledad,
mientras espera
que algún día la muerte lo libere.