lunes, 20 de marzo de 2017

Lo elemental


Resulta tan cansado
discurrir por decreto
de lo pluscuamperfecto a lo sublime...

A quién no le apetece
degustar a escondidas lo más elemental.
El placer de sentarse
descalzo a meditar sobre la hierba
y comerse a mordiscos la raja de melón
que hoy, por descuido, le ofreció la vida.

Y dejar para luego cualesquier artificios,

Y más si es que no arden.

Si no dejan su huella de emoción
rebosando verdad en nuestros ojos
como aquella que encienden.
las cosas más humildes
las que con discreción nos encandilan
sin deslumbrar ,
como una desbandada de luciérnagas
esparce su esplendor sobre la la noche.

Ahora que la lluvia
es el rito que toca
y a la pluma empapada le cuesta alzar el vuelo
es tiempo de intentar arrebujarnos
en la dicha animal .

La que aveza el instinto.
La que escucha los pálpitos del aire y de la tierra
resonando en su pulso
y entiende que al sentir
su plenitud alcanza.

Y de inventarse un canto,
o un grito o un silencio con el que proclamarse
por fin y felizmente desposeída y libre .