martes, 28 de marzo de 2017

Olor a lluvia


En un acto de fe la vida se acomoda
a cada desvarío.

Para quedar,
mudar y resistir.
He ahí la estratagema
más simple y más fiable.

El cambio es sustancial con el latido idéntico
con el que cada instante nos recrea
y alimenta el cansancio de las horas
que va cebando el aire
hasta volverlo plomo.

¿Y quién dice que el polvo no se inmuta?
Es pasto de la huella y se adolece
del peso de los pies por los caminos.

El existir adeuda
una mínima y justa reparación final,
acaso que  morir
consista en regresar de nuevo a los principios.

Olvidar la memoria.
No conservar ni aquella más fiable
que duerme en las entrañas de la piedra.

Volver de nuevo al útero
  primitivo del agua,seguro y sosegado
donde  suele anidar aquella casi nada
que vivifica el germen del misterio
y fundirse con ella.

Yo, si he de ser incierta, al menos desearía
ser ese olor que añoro de la lluvia
presentido en el vientre de mi madre.