lunes, 27 de marzo de 2017

Paisajes interiores


Debe ser un regalo accidental
que nos hacen los años.

Cada vez siento menos
y es más frío
el tacto de las cosas.

Cada vez oigo menos,
cada vez veo menos,
cada día que pasa entiendo menos
todo aquello que ocurre alrededor.

Es toda una odisea discernir
qué pimpollo o qué púa
oculta la neblina.

Solo queda encerrarse
irremisiblemente en uno mismo.

*****

No hay más divertimento que observar
paisajes interiores.

O acaso presentirlos ,auscultando
el mínimo temblor.

Aquel escalofrío que siempre nos produce
el rastro de la vivo.
Su humedad.

Su olor a lo que fluye
cambiante y cantarín,
incierto ,peligroso
vulnerable

*****

El río fue creciendo.

Cuántas veces
jugó al desbordamiento ,amenazando
la paz de sus riberas

Luego las aguas fueron
buscando la querencia de su instinto,
regresando a su cauce natural.

Ahora hay campanillas
y vincas floreciendo en sus meandros,
su fresca sencillez
impregna el aire de un nosequé bucólico
que invita a ensimismarse
en la contemplación

Apenas ya si noto el roce de la vida
sobre la piel del alma.
Hoy existo
pendiente del rumor.

Allá a lo lejos,
según cuenta la brisa, el mar abre sus brazos
y tienta al abandono.


No puede haber paisaje de más amenidad.