miércoles, 22 de marzo de 2017

Rosario de instantes


Del otro lado del telón,
las sombras.
Un lugar sin colores que adolece
la ausencia del fulgor
y que se aferra
al sueño de que puede decorarlo
con fe y con voluntad.

Recomponer la luz.

Sus veladuras.

Aquellas que consigan
disimular la tenue transparencia
sin brillo de la fina piel del tiempo
y la fragilidad desmadejada,
sin nervio, de su pulso.

Acomodar el traje de diario
sobre la desnudez ceniza con que suelen
amanecer los días.

Fingir que ante los ojos
no se vuelve invisible ese paisaje
de tanto repetirse,
hallar en su lisura un verde que le sirva
para afrontar el reto de inventarse
nostalgias por los horas sin huellas ni memoria.

Y ver de qué manera conseguimos
vender como milagro
el que el Sol se moleste todavía
en salir otra vez para nosotros.

Quién pudiera,
tomando como excusa candorosa
jugar al escondite con las nubes,
agenciarse algún lunes sabático de lluvia

Aunque sea de aquellos que terminan
por ser inundaciones

Me temo que no alcanzan las monedas
que guardan los bolsillos indigentes
más que para pagarse
otra ración de insípida rutina..La cicuta ,
la daga,
el cataclismo
la cumbre de la duda en que el tormento
casi asemeja al éxtasis
son lujos skespeareanos.

La antítesis del héroe no merece
un final de escenario selectamente estético.

Solo le cabe el ir
desgranado el rosario de la vida
instante tras instante

Y hacer de cada uno
el primero y el  último.

Con gran certeza el único que cuenta.

Y  acaso hasta el mejor.