domingo, 2 de abril de 2017

7:30 a.m.


El ruido en los vagones no permite
escuchar los runrunes
que nacen de las tripas quejumbrosas .

En una ingente arcada interminable.
la boca arroja almas somñolientas
a un mundo todavía adormilado.

Cada cual con su estrés,
su angustia, sus afanes...
acelerando el paso por llegar
dios sabe a qué destino
en que enterrar diez horas de su vida.

Sobre la masa andante flota el halo
de grisura y renuncia, que dimana
de la mediocridad.

¿Quién podría creer
que en cada quién también late un anhelo
dorado y singular?

Que tiene un buen motivo
para ponerse en pie cada mañana,
antes de que la luz se desperece,
y echarse a caminar.

Tener un móvil nuevo,
pagar el alquiler,
las clases de violín,
la entrada para el Betis- Osasuna
ahorrar para operarse la papada,
casarse, divorciarse,
largarse al Amazonas
o a Islandia a ver la aurora boreal.

Sobrevivir,
en suma,
comprar cosas con tiempo
y acaso reservarse unas migajas,
esos 15 minutos de chiripa,
en que poder soñar.

Pero ahora son
las 7:30 a.m
lo que toca es correr.

Impaciente y con prisas se levanta
siempre cualquier ciudad.