sábado, 8 de abril de 2017

El don de la mudez

Yo me puedo callar durante siglos.

Enhebrar en silencios
cuentas duras y grises,
erizadas palabras
y verbos clandestinos
que la lengua desecha por prudencia.

Cómo me gustaría
ensartar en hileras esas otras que son
aljófares de nácar,
y que tienen
la virtud singular de seducir
el mirar con su oriente,
embelleciendo
el aire alrededor.

Conozco sus costumbres
y sé que solo nacen y medran en lo oscuro
del corazón,
bebiéndose
la música feraz de su latido.

También de sobra sé que no nací
para ser un clamor de cascabeles.

Mi don es la mudez.

Y puedo encastillarme en su heroísmo
la eternidad entera si hace falta.

Pero nunca decir lo que no siento.