domingo, 9 de abril de 2017

Espacio vital



Apenas si recuerdo cómo era
la voz de los jilgueros.

Y el cielo es un azul retazo que resiste
anclado tercamente en la memoria.

Una escueta ventana
a un patio interior sin Sol ni melodías
es hoy todo mi lujo y mi recreo.

Mi celda es tan estrecha que en ella solo cabe
mi alma de perfil.

Y a duras penas.

Y las penas maduras que no terminan nunca
de ser agraz hambriento que asola mis raíces

Y los sueños que a ratos se cuelan de puntillas.

Pero la paz inunda cada rincón y vuelve
más humana y vivible la arista de su espacio,
menos mordaz el aire y más sumiso,
la herida de la luz más compasiva.

Casi lo llamaría hogar si me dejase
cantar de vez en cuando un aria el carcelero.