domingo, 2 de abril de 2017

Felicidad efímera


A veces 
sucede lo imposible,
llegan a mi rincón rumores que me hablan
de un raro e improbable paraíso.

Hay cierta mansedumbre
en esa luz velada al entregarse
solícita en los brazos de las sombras.
Ya no hay si no rendirse a la evidencia,
los cansancios
pueden más que el pavor a la derrota,
las estrellas
lucen más y mejor y las heridas
se lamen a placer si las envuelve
en terciopelo y en piedad la noche.

De pronto,
no sé ni desde dónde,
quedo,
canta un último pájaro en la tarde.

Encendido homenaje melancólico
a la fragilidad,
es el trino furtivo
de una vehemencia tan delicada y triste
que empapa de dulzura
y de quietud la tarde que claudica
y la serena
hasta hacerla ligera y transparente.

Ya no habrá de dolerme
lo que queda del día.

Puede ser que mañana
amanezca teniendo algún sentido.
Incluso que mi mundo
no me resulte tan intransitable .

Es lo que tiene el arriesgarse al tacto
de lo perfecto,
de la felicidad posible que nos cabe,
que dura
apenas un instante y se evapora,
que nos signa
con un fulgor y un gozo que no se desvanecen.