miércoles, 26 de abril de 2017

Taxidermia



Dicen
que en cada parpadeo de los ángeles
una estrella agoniza
y un mundo nuevo nace al desconcierto
de habitar el vacío

! Qué inmensa soledad!
! Qué desamparo siente
el corazón que late sin un eco!.

Se hace preciso
el inventarse un ritmo que le marque
un pulso artificial,
un himno que lo vuelva a su querencia.

Hacer cuchillo del dolor y hundirlo,
destello que se quiebra,
en la ilusión que espira.

Desarraigar la carne,
descarnar la materia,
reducirla al punto
de su expresión más ruin y más inerme
y al tiempo sublimarla.

 A la sacrificada envoltura epidérmica
que tan bien se conmueve con lo nimio

La piel sin savia oficia de tambor
y se ofrenda
tersura y pulcritud.

Quizás con suerte
si la lluvia se obceca logre al cabo
arrancarle una inédita salmodia.

Y en el aire tremole
una emoción fugaz , vívido anuncio
de que existimos para amar la música.