domingo, 14 de mayo de 2017

Pudor


Preferimos hablar sobre cosas oscuras,
divagar por lo etéreo, buceando en lo abstracto,
sobre grandilocuentes temas existenciales
que ninguno comprende
y que nunca han cambiado y jamás cambiarán
la existencia de nadie.


Del tiempo a la política,
del deporte a los toros,
hay códigos no escritos
que rigen férreamente la liturgia del diálogo
en el grupo social:
lo correcto es hablar sobre asuntos triviales
que a nadie le interesan
más allá del instante en que el eco liviano
de las vanas palabras
se pierde y se evapora sobre la faz del aire

Hablamos sin recato
sobre los más variados e inauditos
asuntos personales :
de las dietas, los viajes y la moda,
del milagro
de la última crema,
del sexo...
de aquel libro
de increíbles poemas
de lectura del todo indispensable.

Pero cuánto nos cuesta hablar de lo que importa,
de aquello que la vida nos dejo a daga y fuego
tatuado en nuestras carnes.

Qué diálogos de sordos
por no querer usar el lenguaje más viejo
el que cuenta las cosas sinceras y sencillas
que nacen de la entraña ,
que a todos nos acercan
y nos hacen palpar la sustancia del otro
hasta reconocernos semejantes.

Envuelto en verborreas,
el silencio más ácido y callado
y más real nos cerca, y aun así
seguimos resistiéndonos.

Emboscada en pudores,
cómo le cuesta al alma desnudarse
y hablar de lo que siente.

De su cuero emotivo
de cómo dejan huella en él las soledades.