lunes, 3 de julio de 2017

A dos voces


De la misma manera en la que llegan
hasta nuestro balcón las estaciones-
y en el batir arrollador de un ala
o en el suspiro en que agoniza un copo
se anuncian y es aviso suficiente,
a veces, sin palabras, la elocuencia
se instala entre nosotros.

Ya no es necesario el afanarse
en buscar compromisos con la arista
que afila los silencios
ni en tejer tafetanes de artificio
con los que embalsamar los desencantos
ni en urdir etiquetas que renombren
el entredós de verbos erizados
que se alza entre dos

Nos basta con saber
que entrambos cada pálpito es calor
capaz de reducir las soledades,
con ser y con estar
el uno junto al otro

Y con sentirlo.

Y consentirlo

Y dejar que la vida se deslice
sobre lo cotidiano sin sentir
pesar por su rutina.

Y silbar entre dientes
con la misma cadencia melancólica,
a dos voces y un alma,
de un modo distraído algún bolero