lunes, 3 de julio de 2017

Dádiva


Amanece otra vez.
De nuevo siento
resistirse a los ojos , aún adoloridos,
a enfrentarse a la luz ,que se insinúa
dispuesta a descubrirnos la verdad
al punto de cegar o hacerse herida.

Y sin embargo ,en esta hora en calma,
es todavía una indefinible
suavidad transparente.

Qué bienaventuranza hay en las cosas
que alrededor emergen poco a poco
del mundo de las sombras , tan ausentes
de todo,
tan ajenas
al peso de la ausencia , tan a salvo
del oscuro poder de sus eclipses.

Flota una claridad sobre la aurora
que ilumina los gestos diminutos
con que el mundo despierta y se redime
otra vez del anzuelo que la muerte
-qué veneno y qué filo en cada estrella-
le tiende cada noche.

Toca desperezarse,
toca salir de nuevo a la intemperie
de la vida que nunca garantiza
que hoy no lloverá.

Cada rayo de Sol es una dádiva
que obliga al corazón a hacerse canto,

A celebrar con este simple rito
absurdo la alegría.

Poco importa
que los cielos se enojen,
nada pueden
contra quien ya probó chuzos de punta.