lunes, 24 de julio de 2017

Rincón


Qué bien sabe barrernos el viento de la vida.

Como a las hojas secas
en una danza extraña , sin orden ni concierto,
nos trae y nos lleva hacia ninguna parte
hasta arrinconarnos
en cualquier recoveco, junto al culo del mundo,
donde ruina y olvido
organizan sus cónclaves.

Yo casi le agradezco
este anónimo espacio donde no es necesario
fingir que todavía
esperas,
ni ocultar,
bajo un pétreo disfraz, debilidades
por todos conocidas,
por todos compartidas, por todos perdonadas,
ni huir
con estúpida inercia hacia adelante.

Aquí ya solo queda
acomodarse en algún abrigo
donde nos bañe el sol de media tarde,
que es tan tibio en otoño,
y respirar
gozando cuando el aire te conforta por dentro
sin pedir nada a cambio

Y mirar hacia el cielo con agradecimiento
porque aún es azul
y santiguarse
y rezar esas preces que aprendiste de niño
y ,a pesar de lo agnóstico que se declara el labio,
todavía perviven
en alguna alcancía del alma en la que echaste
a dormir lo valioso.

Y pedirle a quien sea
que mande en el capricho de los vientos alisios
que detenga los pálpitos lunares.

Que tarden en llegar a este reducto
final ,
tan compasivo,
las futuras,
airadas,
tempestades.