lunes, 26 de febrero de 2018

Frente a la pared



Hablar de los intensos
olores a hojarasca y a resina
que flotan en el aire
y de la sensación indescriptible
de que la vida brota
y bulle alrededor.

Si yo estuviese enfrente de un pinar,
seguramente
escribiría sobre estas cosas

¿Y qué mérito habría
en celebrar a golpe de soneto
el destello ondulante de la Luna
cuando se está sentado junto al mar
y escuchando la mágica
canción de su oleaje?

Pero yo , ¿ qué he de hacer?
¿ Y qué puedo decir, cuando ante mí
hay solo una pared
que ya nadie, en justicia,
se atrevería a decir que es blanca?

Si el único fulgor 
que ilumina mi vida es el que me regala
algún cabo de vela desgastado.

Quién se puede extrañar si me dedico
a ir entreteniéndome
con el antiguo juego de ilusión
de las sombras chinescas?

Si me atrevo a soñar
que algún día de estos
cualquier paloma tímida
conseguirá encontrar , cruzando el límite
de la realidad que la  sojuzga,
bajo el jalbegue ocre y cuarteado,
el cielo que anhelaba.

Y en los latidos de mi corazón
todo el demente impulso libertario
que precisan las alas.