martes, 8 de mayo de 2018

Rastro del esplendor




Hay palabras
que acuden por rutina
-o eso cuentan-
a la pluma de todos los amantes .

Que se llevan usando desde que el mundo es mundo
y nunca se desgastan.
Que suenan al leerlas,contra toda cordura,
como la más más feliz,
como las más congruente y más auténtica
de todas las verdades

Si me hubieras escrito
con palabras de esas
una carta de amor,
podría
releerla,
decir:
me amó y yo lo amé...

Que importa si después la vida nos llevo
por veredas distintas,
si aquello fue real
y yo consigo
todavía palparlo.

Si al menos
me hubieras escrito algún poema...

No más de cuatro versos
en que apenas cupiesen, apretados ,
los consabidos tópicos
que en cada pecho encienden
las esperanzas nuevas.

Yo lo hubiese aprendido
igual que una oración
y estoy segura
que aún lo guardaría en la memoria
y lo recitaría
como un mantra benéfico
de los que nos ahuyentan las tormentas
en noches desveladas.

Pero yo no conservo en mis cajones
ni una carta amorosa,
ni un poema
con los que persuadir sin discusión
a mi inanidad desencantada
que aquello fue tangible
y que valió la pena.

Un hermoso recuerdo ,
un rastro sólido
de antiguo esplendor con que tejerle
a aquel difunto amor una digna mortaja .