lunes, 11 de junio de 2018

Caducidad




Todas las madrugadas se parecen:
largas horas vacías
que acuden a llenar con diligencia
fantasmas del pasado,
un amplio tiempo muerto en el que bullen
larvadamente las premoniciones .

Y ahí,
en la oscuridad,
flotando en el silencio,
de pronto la verdad se vuelve solida
y golpea tus ojos

Te ves tal como eres,
ese ser prescindible ,
caduco y caducado, que a la imagen
de una hoja amarilla que planea
buscando descansar en la hojarasca ,
nota cómo lo cercan sus cansancios
y siente que en el  limo
se encuentra su querencia natural

Que todo  da lo mismo, que su tiempo
ha terminado ya
y es esa una evidencia que lacera.

Pero que ya no  duele.

Acaso es porque   has sido
capaz de acostumbrarte
a que vaya la vida despojándonos
poco a poco de nuestros atributos,
a aceptar someterte
a sus imposiciones.

A que las madrugadas
siempre sean insomnes
y tengan
un amargado rictus parecido.

A que den paso a un día
que toca deshojar
y tratar de exprimir, sabiendo que ha de ser
uno más sin encanto.

Y también uno menos
en la cuenta ruinosa del latido menguante
que casi se complace en sus claudicaciones.