jueves, 29 de octubre de 2020

Pesadilla en Elm Street

 


Sé que debo intentar

mantenerme despierta,

que si cierro los ojos acudirá la noche

a invadirme por dentro.


Y con ella su recua

de fantasmas añosos, que se van esfumando

como hilachas de bruma,

de presagios que siempre aparecen pintados

con los tintes más negros,

de destellos de Luna en su cuarto menguante,

de rumores que sangran ,sorda y constantemente,

duda y desolación.


Sé que las madrugadas

las carga siempre el diablo.


Sé que debo aferrarme,

como una desahuciada del favor del futuro,

a cualquier sueño antiguo que pueda aún soñarse

sin entornar los párpados,

y guarde todavía ,

tersa como el vestido de raso de una novia,

su pizca de ilusión.


Pero allá donde pongo la vista esperanzada

solo encuentro despojos, que son vivo relato

de pasadas catástrofes.


No hay ni un agujero

en que pueda esconderme ,arropada en quietud,

a rumiar mis temores.


Como una maldición

la lucidez me sigue,

sin pretenderlo ostenta

unas feroces uñas afiladas.


Solo queda enfrentarse

al zarpazo letal de sus revelciones

con la emoción desnuda.


Y rogar que no duela demasiado

la herida inevitable que le infringe

al alma la verdad con su fiereza.



No hay comentarios:

Publicar un comentario