Vivir en soledad tiene su encanto.
Engarzar solitudes, lo confieso,
no es algo que me pese en demasía.
Leer en soledad.
Cantar en soledad
Dormir en soledad
- qué amplio el lecho-
Soñar en soledad plácidamente
y despertarse sola, sin que nadie te vea
con el pelo revuelto.
Luego están esas noches
en que el cuerpo apetece sentir otro calor.
Y esos días eternos de quietud y clausura
masticando silencio entre cuatro paredes
y rumiando añoranzas.
Ahí es cuando empiezas
a hacerte sin remedio trampas al solitario...
E inventas una voz
que susurra y sosiega,
que te dice al oído palabras que acarician
y sirven de consuelo.
Vivir en soledad tiene su encanto,
si no es algo perenne.
Que no todo son rosas...y, en lance
de enfrentarse a la herida,
llorar en soledad
suma tristeza a la aflicción del duelo.









