Después de tanto esfuerzo
por tratar de ubicarme,
apenas si consigo saber mis coordenadas.
Extravié mi brújula
y, a tientas, no sé hallar
ese espacio quimérico que, por pura intuición,
nombramos como centro
Hoy sé que ya no habito
ni siquiera en los márgenes.
Desde la otra orilla
me veo como estoy, fuera del círculo
invisible de tiza
que señala los límites
de la inclusión.
Fuera del tiempo
fuera del lugar,
fuera de la idea
que creé de mi misma.
Lo extraño es que resulta, contra todo pronóstico,
liberador.
De perdidos al río...
Sin nada que tener que demostrar,
que impostar, que vender, que demostrarse,
ha llegado la hora
de dejar de nadar contra el designio
del curso de la vida
y dejarse llevar por el serpentear
sorpresivo y casual de su corriente.






