Un otoño, que avanza a pasos mínimos,
llegó para quedarse.
En el paisaje de las emociones,
todo se ha vuelto infecundo y áspero.
Baten las ramas rotas
sobre el tronco astillado´de los árboles secos,
un golpeteo distante,
con un eco distinto...
Suena
a monotonía,
a un percutir de hierro indiferente
sobre hierro estragado.
Así es como la vida
remacha un ataúd.
Y cómo desaprende un corazón
lo que era el latido apasionado.






