Ahora más que nunca,
temo quedarme aquí, empantanada,
cosechando pelusas, dando vueltas
en torno a las miserias de mi ombligo,
ese agujero negro
que me obligó a salir
al umbral de la luz
y a despojarme
de la memoria de aquel fulgor primero
que me infundió la vida.
Después ha sido todo
un lento deslizarse
por el camino lábil.
del incendio a la hoguera,
de la hoguera a la brasa,
de la brasa a las puertas
de la extinción.
Cada vez noto más
cómo huele a ceniza.
*****
Sé
que apenas si dispongo ya de tiempo
y que debo aplicarme en descubrir
cada titilación, cada destello efímero,
cada fosforescencia, cada misterio oculto
que todo ser esconde en su interior.
Quiero volver allí de donde vine,
a la entraña que gesta el germen de la luz,
con los ojos cargados de sorpresas
de esas que te encienden.
De esas que te alumbran
eternamente dentro.

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