Se rinde el muro que habitó el olvido,
cediendo al peso de una ausencia dócil,
donde la piedra no tendrá reposo
y el ruido es solo un eco que se pierde.
La grieta avanza, muerde los pilares,
traza una línea sobre el frío mármol
y en ese abismo que el silencio invoca,
la propia sombra se nos vuelve extraña.
Troya cayó, se consumió Pompeya...
¿Por qué debe esperar suerte más noble
nuestra mezquina humanidad desnuda?
Materia al fin, lo lógico es obviar
al malherido orgullo y asumir
que el polvo vuelve al polvo sin remedio.

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