Me suelo preguntar si algo me queda
que decir, por decirme, que espulgarme
de mis vísceras secas, que aún pueda
de mis bilis antiguas liberarme.
Verterme por la boca, hasta que ceda
verso a verso, la náusea al vomitarme.
Cuánta amargura más aún se hospeda
dentro del corazón que resecarme.
Y luego, de qué modo me reinvento...
El poder rellenar tanto vacío
un reset de titanes se me antoja.
De qué hablar, que no suene a fraudulento,
a cinismo, a revancha, a desvarío
ni se quiebre mi voz por la congoja.

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