¿Se desmorona el cielo delante de mis ojos?
¿ O es que a mis pupilas no enfocan como antes
y donde ayer veían azules deslumbrantes
hoy apenas perciben cenicientos despojos?
Y ¿Qué le pasa al aire?¿Qué lo habrá trastocado
para olvidar que debe ser bienaventuranza?
¿Qué compulsión lo infecta, que apenas si le alcanza
para aliviar el ansia del pecho sofocado?
¿Es mi espacio o el mundo, esa global aldea
ruidosa hasta el espasmo febril, que lo rodea,
el que, a fuerza de extraño, se ha vuelto inhabitable?
O acaso es el ardid que usa la vejez,
te obliga a que en tu cáliz apures cualquier hez
hasta hacer de la muerte liberación amable.

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