martes, 10 de febrero de 2026

La Niña de los Peines


                                                                                


 

Yo tuve de pequeña un peine de oro puro

que mi amoroso padre un día me obsequió

y aunque lo cuidé mucho -eso os lo aseguro-

no sé dónde ni cuando a mí se me perdió.


Seis hermosas peinetas de nácar y corales

adornaban mi trenza en plena juventud,

pero por distraerme por ciertos andurriales

muy maltrechos quedaron su lustre y su virtud.


De auténtico carey era aquel cepillo

con que desenredaba, para sacarle brillo,

hasta ayer mi melena, de la frente a la nuca.


Hoy solo las ideas son las que se me enredan...

y para estas míseras tres canas que me quedan

lo más sensato es comprarse una peluca.

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