Sustentarse en lo onírico
es tentador,
no existe ahí quien pueda
contradecirte.
Imágenes pintadas
sobre la espesa nube de calima
en la que el tiempo envuelve a la memoria.
Belleza condensada
de todo lo que amamos y sentimos,
sentenciada a quedar cubierta por el polvo
si Dios no lo remedia.
¿ Cómo atrapar la esencia veleidosa
de cada uno de aquellos momentos inefables
que poco a poco se van desvaneciendo?
No hay modo de quitarse
este sabor amargo a pérdida en los labios
sin perder nuestro yo genuino en el intento.
Toca rezarle al dios de lo posible
porque los días fluyan como el agua,
porque la mente olvide tanto apego
como se fue llevando su corriente.
Y el corazón no alcance
a seguir siendo fiel en su latido,
y olvide que olvidó.

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