Este poco de vida que presiento
que queda entre mis manos todavía
me da para intentar cada momento
exprimirle su mínima alegría.
No río porque invite a estar contento
un espléndido Sol de mediodía,
lo que me anima es sonreírle al día,
sin importar si llueve o hace viento.
Y cantar por cantar, igual que el ave
que desgrana su trino y aligera
la gravedad del aire con su canto.
Cantar para tratar de hallar la clave
con la que convocar la primavera
y exorcizar la tentación del llanto.

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