Los ojos están cansados
de transitar las rutinas
de los días sin colores
y las noches desvaídas.
Los oídos, aburridos
del ruido y su pesadilla,
se tapian y rememoran
sus cantinelas antiguas.
Un rumor a desencanto
hoy sobre el aire levita,
se diría que en el mundo
todo contra ti conspira.
Cuando en los mapas no existen
rutas confiables de huida,
toca mirar alma adentro
para buscar la salida.
Y encontrar la compasión
que la existencia nos brinda
en la belleza entrañable
que albergan las cosas mínimas.
Por esa flor que te entrega,
silente, su esencia íntima,
por esa concha de nácar
que el mar olvidó en su orilla.
Por el pájaro aterido,
clarín de la amanecida,
por ese suave susurro
con el que arrulla la brisa.
Por tanta estrella sin nombre
como en el cielo titila,
por esa Luna esplendente
que a los poetas inspira.
Por ese rayo de Sol
de una inocente sonrisa,
la vida vale la pena
aunque su roce haga herida.
