Los días,
a imagen de tus piernas quebrantadas,
se han vuelto de plomo,
y de una insufrible solidez
la textura del aire.
No ha sido la brisa
la que ha movido aquel atrapasueños,
que resiste,
olvidado,
sobre el dintel.
Ha sido ese suspiro
que se escapa del pecho,
resignado
a aceptar dócilmente la derrota
de esta nueva certeza.
Saber
que ya no queda tiempo ni ilusión
para andar persiguiendo más quimeras.
Y que ya no te importe.

No hay comentarios:
Publicar un comentario