Desde la lucidez, todo transpira
indeterminación.
Vivir se vuelve
una duda constante.
¿Cuánta culpa existió
en el hecho de ser?
Y ser tan frágil,
tan dado a sucumbir a los instintos básicos
del orden- ¿ o el desorden?- natural.
¿Cuál fue aquella causa
primera
que desató el caos?
¿ Cuál fue el efecto
que propició el latido,
germen de la armonía?
Somos seres inermes,
apenas leves pábilos, movidos por la inercia
del ensueño del tiempo,
donde todo
se transforma en caprichos de fractales,
persiguiendo el instante irrepetible
donde el suspiro se transforma en música
que desnuda el misterio de la luz.
Y encontrando la herida
de la verdad.
Desde la lucidez,
es todo una grandiosa y enigmática
sinfonía de grises.

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