martes, 11 de agosto de 2026

Limbo

 



No siempre está el infierno

-tal y cómo lo pintan-

tapizado

de ploma derretido.


Resulta más dramática

-y mucho más perversa-

la versión de ese limbo incoloro e insípido,

de tardes enrocadas en silencio rampante

y eternas madrugadas.


Llegan

esas horas sin prisas,

en las que, por matar el tiempo, deambulas

por paisajes antiguos

y en el aire se plasman los perfumes,

las formas, los sentires


Recordar suele ser

añorar a destajo.


Y penar otra vez.


Día tras día...

Cuatrocientas veces.


Con la óptica nítida que presta la distancia

resulta ineludible dudar y cuestionarse.


Si la pregunta es:

¿ Qué hice con mi vida?

Mejor no te respondas.


Adormece

la nostalgia por lo que pudo ser

y la culpa por lo que nunca ha sido,

que habita en un rincón de tus entrañas,

y respira bien hondo

mientras miras al cielo.


Busca en él esas nubes

que ponen su destino en manos del azar

y, gráciles, persiguen la estela de las garzas,

ignorando que gestan

la preñez de la lluvia.


Ya llovió...

y escampó.


Y muy seguramente

diluviará mañana.


Mientras tanto

solo existe este ahora

y el deber de exprimirle hasta la gota última

a la esencia gustosa

de lo improbable,

este instante impregnado de inusitada calma

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