Pues no, no te mató...
La vida- digo-
y su capacidad desmesurada
para inventar contextos con que poner aprueba,
sean carne o metal,
los materiales.
Pero tampoco
llegó a hacerte más fuerte.
Solo añadió, si acaso,
más piel y más curtida a tu coraza
y te armó de recelo y de prudencia.
A vivir sin que abrume demasiado
tan pesado bagaje
se aprende con el tiempo.
Lo que suele llevar eternidades
es aceptar sin duelo tu destino
solitario de isla.

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