lunes, 26 de octubre de 2026

El baúl de los recuerdos

 


Unos viejos vinilos,

una muñeca rota,

un pañuelo bordado,

flores secas que apenas si soportan

el roce de unos dedos.


Peinetas de colores...


Fotos de color sepia,

cartas descoloridas...


Un reloj que uno anda.


Hacer limpieza,

ordenar el baúl donde perduran

los restos fehacientes de todos los naufragios,

que inundan tu memoria

´-al menos una vez de siglo en siglo -

a todos nos conviene.


Otra cosa es librarse

de todos los recuerdos que no ocupan espacio

y habitan los más íntimos

rincones de la mente.


No hay quién se resigne

a dejar de sentir qué dulcedumbre

te embarga el corazón cuando te dejas

llevar por su nostalgia.


Cómo logran hacerte más amable

la luz crepuscular de cada otoño.

Granada viva


Vuelvo la vista atrás y me sorprendo

ante aquella que fui, tan desnortada

que no sabía si es que estaba yendo

o es que regresaba escarmentada.


No hay nadie que nazca ya sabiendo

ni teniendo la dicha asegurada.

A base de vivir se va aprendiendo

y acopiando tristeza en la mirada.


También, por suerte, como dulces granos

de una granada viva, sensaciones

conserva el corazón, igual que gemas.


Un puñado de gozos cotidianos,

de rostros, de sonrisas, de canciones

y de afectos que inspiran mis poemas.


Mudanzas


 

No miréis estos ojos fatigados

ni estas manos de dedos sarmentosos,

reparad en los dejes luminosos

de una voz que no sabe de dictados.


Disculpad mis andares ladeados

de pasos cada vez más cautelosos

apreciad cómo van, voluntariosos,

en busca de caminos no trillados.


La vejez, que, con suerte, nos alcanza,

obliga a nuestro cuerpo a hacer mudanza,

contra la que no sirve rebelarse.


El ser que alienta en ti, ya es otra cosa,

puede abrazar la vía laboriosa

de aprender, madurar y aquilatarse.