Unos viejos vinilos,
una muñeca rota,
un pañuelo bordado,
flores secas que apenas si soportan
el roce de unos dedos.
Peinetas de colores...
Fotos de color sepia,
cartas descoloridas...
Un reloj que uno anda.
Hacer limpieza,
ordenar el baúl donde perduran
los restos fehacientes de todos los naufragios,
que inundan tu memoria
´-al menos una vez de siglo en siglo -
a todos nos conviene.
Otra cosa es librarse
de todos los recuerdos que no ocupan espacio
y habitan los más íntimos
rincones de la mente.
No hay quién se resigne
a dejar de sentir qué dulcedumbre
te embarga el corazón cuando te dejas
llevar por su nostalgia.
Cómo logran hacerte más amable
la luz crepuscular de cada otoño.
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