Ha llegado ya el tiempo en que no
intento
forzar al corazón a la porfía
estéril de latir tras la utopía
de cualquier ilusión sin fundamento.
Intentar impedir que el desaliento
no se adueñe de ti y la apatía
no marque el ritmo de tu día a día,
es el reto feroz al que hoy me
enfrento.
Dónde hallaré un atisbo de templanza,
que sofoque la rabia ante el fracaso
de un proyecto vital que urdió mi
sino.
Cómo recomponer tanta esperanza
tendida sobre zarzas, cuando acaso
ya toda soy un acerado espino.

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