Jamás verán la luz los versos míos,
palabras que nacieron desahuciadas
en las largas e insomnes madrugadas
en que suelen cundir los desvaríos.
Con primor espulgué las más granadas,
de los resabios tristes, de amoríos
que inspiran a la mente descarríos,
e inundan sin piedad las almohadas
Desde siempre lo supe, no hay manera
de hacerlas perdurar, aunque quisiera,
mi obsolescencia signa su adeene.
Soplo son, que en la niebla se disipa
y solo toman cuerpo de chiripa,
cuando a mis desahogos les conviene.

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