viernes, 6 de marzo de 2020

Agradecimiento


Si matase el dolor, seguramente
hace ya mucho tiempo que enterrada
estaría mi carne y sepultada
mi huella en la memoria de la gente.

Pero es el respirar un aliciente
que no desdeña un pecho , pues no hay nada
que enganche más que la desesperada
necesidad que por el aire siente.

Nací para ser pasto de la pena,
vivir para lamerse sus heridas
es el destino infausto de lo vivo.

Yo acepto y agradezco esta condena,
sé que debo a mis llagas doloridas
las trémulas palabras con que escribo.



sábado, 29 de febrero de 2020

Cuadrifolio


¿Llegó para quedarse esta acechanza
que me envuelve despacio y ,procelosa ,
consigue que descubra en cada cosa
un halo infecto de desesperanza?

Hoy siento una amenaza gris , que avanza
desprovista de rostro y que se posa
sobre mi corazón , que ya rebosa
veladuras de angustia y desconfianza.

En estos casos, el temor no ayuda,
no tengo más opción que acostumbrarme
a ir aceptando mi verdad desnuda.

De siempre lo he sabido, va la muerte
tras de mi sombra y tiene que negarme
su cuadrifolio alguna vez la suerte.

sábado, 22 de febrero de 2020

Canto rodado


Dicen que río abajo
las aguas son tranquilas
y que resulta fácil
tumbarse en la ribera repleta de frescores
y olvidarse de todo aquello que no sea
la alegría sencilla que convoca
el canto de los mirlos.

A veces no me entiendo...
No sé por qué me empeño en resistirme tanto
a dejarme llevar por la corriente.

Si todo está perdido,
si no existe
para el guijarro gris otro futuro
que quedar remolido y olvidado,
sobre cualquier orilla,
pues mejor cuanto antes...

Pero a ver quién le quita al testarudo
el placer de medirse cuerpo a cuerpo
contra las aguas bravas.

Tiempo habrá
de reposar formando el lecho de los juncos.

Y de pasar las horas moribundas
susurrando a los peces de colores.
que nadie ha de quitarle lo rodado








domingo, 9 de febrero de 2020

Plenitud sonora




Ahora , que ya miro con la pupila clara
del que ha visto espectáculos de todos los colores
es cuando más valoro los predios interiores
que me habitaban dentro sin que yo lo notara.

Por más que haya escuchado los pájaros cantores
que celebran la aurora en lúdica algazara
incendiada de arpegios , en nada se compara
al trinar en mi pecho de mil y un ruiseñores.

Vuelvo, pues, a mi origen, , al refugio secreto
de mi isla volcánica , en dónde redecora
mi alma sus  cenizas según mi azul boceto.

Fantaseo que en ella alcanzo la utopía
de que mi voz encuentra su plenitud sonora
y que toda la música que hay en el aire es mía.

Enigma


No me preguntes por qué
existimos, con frecuencia  
me  lo inquiero y en conciencia
me respondo :“No lo sé”.
Aunque haga el paripé
de ser experta y corrida
en el duelo con la vida,
lo cierto es que el tiro erré
y solo puedo dar fe
de la hondura de su herida.

De la hondura de su herida
¿ Quién hay que no esté informado?
Y del regusto salado
que en las lágrimas anida.
Encontrar una salida,
obligación del sufriente,
no obstante , no es algo urgente
porque más pronto que tarde
se acaba la cera que arde
para todo ser viviente.

Para todo ser viviente
a  sufrir acostumbrado
llega el día señalado
en que su final presiente.
Entonces, inconsecuente,
parece que no le aterra
continuar en esta guerra
y, aunque doliente confeso,
con la fuerza un poseso
a su existencia se aferra.

A su existencia se aferra
el que su fin ve cercano,
que  fiel su instinto humano
todas sus dudas destierra.
Admite que no   soterra
más verdad que el exigir
a lo vivo resistir
y en esa obviedad consiste
el prosaico enigma triste
del sentido de existir.

Fulgor sonoro


Quiero creer que cuando ya no exista
ni una mota del polvo que ha servido
para darme la forma que he tenido,
algo esencial de mí habrá que aún persista.

Quizás no un alma etérea, a la conquista
de un paraíso eterno prometido,
demasiado perfecto, no asumido
por mi naturaleza de cínica nihilista.

Pero sí acaso aquella  ínfima estela
de alegría y amor , que fui dejando
a base de vaciarme en versos y canciones.

El eco de una voz , que acaramela
los silencios nocturnos  , perdurando,
tenue fulgor  sonoro , entre constelaciones.





Locura imprescindible



¿Bajo qué estrella exangüe y sin oriente
de la constelación del desconsuelo
me ha tocado nacer y quiso el cielo
que luciese patética en  mi frente ?

Aborrezco el sendero recurrente,
empedrado de angustia, rabia y duelo
que debo transitar , en el que suelo
quedarme empantanada diariamente.

Es por eso que a veces imagino
que existe un universo a mi medida
con un rostro de gesto más amable.

No es locura, es solo un don divino
con   el que  exprimo a ratos de la vida
ese sorbo de dicha indispensable.



sábado, 8 de febrero de 2020

Silencio



Sé que existe un silencio tan sedoso
que te devuelve al útero materno,
el cálido nidal maravilloso,
donde te envuelve el halo de lo eterno.

Otros son el aliento de un invierno
que te roe los huesos sin reposo,
como aquel que adivino en el infierno,
viva mudez de un dios poco piadoso.

Y luego está este tuyo, tan candente
y tan frío a la vez que me condena
a atisbar febrilmente en el vacío.

Por si surge el rumor, por si clemente
tu corazón se duele de mi pena
y su latir escucho junto al mío.

lunes, 3 de febrero de 2020

Presagios y promesas


Rezongan en el aire
bandadas de suspiros
que incendian de rumores insurgentes
las viejas alamedas
y llenan de presagios y aprensiones
el corazón .

De nuevo
ante mis ojos mustios
se marchita la luz
y se deshojan
los últimos destellos de la tarde.

Con qué piedad
van cubriendo las sombras con su manto de orín
el rastro de las huellas
de los pasos perdidos....

Cuando se pone el Sol ,
se ve más claro
el burdo sinsentido que es nuestra existencia.

Todas las rutas van hacia Poniente.

De qué sirve seguir coleccionando
fotos de las ausencias que nos ponen
el alma melancólica

Continuar masticando sinsabores ,
acumulando sobre nuestros párpados
montañas de tristezas.

Hay días en que siento que no quiero
seguir más tiempo aquí.

Me han derrotado el miedo y el dolor

De dónde saca aliento
para seguir cargando con más cruces,
las propias,
las ajenas
un alma tan exhausta...

Estoy ya tan cansada
de bregar con cansancios y fatigas...

Solo queda el consuelo
de pensar que este instante de marasmo y congoja
es la gris antesala de la noche.

De la noche que a todos nos aguarda
con su ceñido abrazo de seda corrediza.

Y la promesa muda
de su quietud eterna.





El día que amanece



Un resquicio de luz
y una guarida
en que sentirme a salvo y recrearme
en la delectación de contemplarla.

Eso es cuanto le pido a la existencia.

Y dejar de tener la obligación
de caminar en círculos,
persiguiendo espejismos , de los que ya me sé
los trucos del atrezzo.

Detenerme a gozar de la tibieza
y la serenidad.

Volver a percibir
como se despereza sangre a dentro
la música durmiente,
esa que al corazón le tararea
la antigua melodía que hace rebroten
marchitas esperanzas.

Solo pido a la vida
un resquicio de luz...

El que unos ojos
me miren con calor...
Y que se vuelvan
los míos , por contagio, más alegres
e incluso compasivos.

Dejar de ver tan gris ,
tan alienante
el día que comienza.

domingo, 5 de enero de 2020

Lastres


Quién fuera como un ave
que nunca se extravía,
pues sabe interpretar los mapas mudos
que trazan en el cielo las estrellas...

En mitad de la noche,
el peregrino que, sin rumbo, arrastra
por el barro los pies,
mira con ilusión
la luz de una cerilla
e imagina que es el fulgor que señala
la meta que se anhela.

¿ Quién desea volver la vista atrás
y contemplar la trocha entre zarzales
donde fueron quedándose enredados
los minutos perdidos ?

Detrás de nuestros pasos
todo es tierra baldía.

No es posible
desandar el camino , ni siquiera siguiendo
el rastro de ilusiones desmigadas,
lo que ahora nos toca
es tratar de seguir hacia adelante.

Si no tuviera ya
el cuerpo tan cansado ,
acaso intentaría
aún reinventarme .

Volver a comenzar,
tomando impulso
en el tenacidad de la esperanza
que a diario reverdece
dentro del corazón
y ser la que no fui,
la que tal vez
recuerde todavía que existieron
días despreocupados y felices
en los que fabulaba con que yo
también tenía alas.

Pero es que pesa tanto
el lastre que revienta mis alforjas ,
repletas de renuncias , de traiciones,
de congojas , de ausencias...
de desencanto y rabia .

Si no tuviera ya,
exprimido a conciencia por los años,
un cuerpo tan exánime...

Si no tuviera que agotar sus fuerzas
cargando con un alma que hace tanto tiempo
que ya no cree en nada...



martes, 31 de diciembre de 2019

Conjurando al 2020


Cuántas veces resonó
en mi existencia longeva
Año nuevo, vida nueva”
Pues que más quisiera yo...
La madre que me parió
en este preciso día
ni figurarse podía
que con su capricho extraño
me haría empezar el año
con tanta melancolía.

Tras el rito de tomar
doce uvas, grano a grano,
siento mi fin más cercano
y es cuando empiezo a llorar.
Es que toca apechugar
con la verdad que atormenta:
no hay vuelta atrás en la cuenta,
el tiempo es un gran verdugo,
yo, como pasa me arrugo,
no hay otra al cumplir setenta...

Pero no quiero cansar
a la peña con mi cuita,
porque nadie necesita
monsergas para penar.
Así que , mejor brindar
por el nuevo año bisoño:
Si bajo el brazo el retoño
trajese el furor de Dios,
que al menos decirle adiós
podamos todos , ! qué coño!!!”

domingo, 29 de diciembre de 2019

Lidiando con palabras


No existen las palabras imposibles
como tampoco hay otras correosas
¿ Por qué echar al corral las más hermosas
bajo divisas más que discutibles?

El poeta posee numerosas
maneras de lidiarlas, infalibles,
aunque cueste sudores indecibles
que no parezcan muy artificiosas.

Porque al final es solo una catáfora
destinada al fracaso el anticipo
de la rima intratable de metáfora.

Y si el reto termina en descalabro,
pues ajo y agua, se mantiene el tipo,
ya triunfará en el próximo palabro.

Sin desdoro



Escribir un soneto, bien merece
que le pongas dos velas a esa musa
que, aunque lleva tu nombre, no obedece
y acudir cuando llamas se rehúsa.

Cántale esa canción que la engatusa,
llórale, por si así se compadece...
Es que nadie nació con ciencia infusa
y su soplo al oído se agradece.

Y si no te hace caso, pues se prueba,
con tal de terminarlo con decoro,
a ofrecer misas negras al infierno.

Por un soneto ardido, que conmueva,
se vende el alma, no hay ningún desdoro
en aspirar a conquistar lo eterno .




La caja de los truenos



En silencio,
nutridas por los lodos resabiados
que pueblan los abismos,
se gestan las tormentas.

Mansamente mastican
agravios, amarguras, frustraciones ,
retahílas de rabias seculares ,
que con mimo receban
la caja de sus truenos,
y aguardan,
pacientemente aguardan una excusa,
para darse a la luz.

No hay agua suficiente,
ni cauces amazónicos
que puedan contenerla
ni son cuenco bastante los océanos
para acoger diluvios
de penas que no encuentran otro alivio
más que llorarse a mares.

Habrá que disponerse a batallar
con los desbordamientos
y a pagar el peaje que les toca
a los que sobreviven.

A sentir en los ojos la tortura
de la arena de todos los desiertos.

A vivir con el alma
cada vez más reseca.

Y pidiendo a los cielos que la ahogue
en las aguas letárgicas y oscuras
del pozo más profundo del infierno
de una vez por todas el próximo aluvión.