miércoles, 28 de enero de 2026

Rendición

 




Se rinde el muro que habitó el olvido,

cediendo al peso de una ausencia dócil,

donde la piedra no tendrá reposo

y el ruido es solo un eco que se pierde.


La grieta avanza, muerde los pilares,

traza una línea sobre el frío mármol

y en ese abismo que el silencio invoca,

la propia sombra se nos vuelve extraña.


Troya cayó, se consumió Pompeya...

¿Por qué debe esperar suerte más noble

nuestra mezquina humanidad desnuda?


Materia al fin, lo lógico es obviar

al malherido orgullo y asumir

que el polvo vuelve al polvo sin remedio.

Ausencias

 

Sentir el peso ingente de la ausencia

dentro del corazón, como una losa

que vuelve desmedrada y temblorosa

la musicalidad de su cadencia


Extrañar tanto abril y aquella esencia

que me solía regalar su rosa,

añorar el estío, con su hermosa

noche de raso azul e incandescencia.


Los padres, los amigos, los amores...

ausencias cuyas sombras hoy persigo,

insomne, por oscuros corredores.


Y la ausencia más cruel, la que, a mi abrigo,

mi propia sombra fue en tiempos mejores

que hoy reniega de mí y no va conmigo.

lunes, 26 de enero de 2026

Hojas al viento

 


Pudisteis elegir”,

suelen decirnos

los que quieren tenernos bien sujetos

de la férrea cadena de la culpa.


¿ Pudimos elegir?


¿ Puede evitarse el acercarse al agua

cuando se tiene sed?


¿ En mitad de la noche más larga y más oscura,

qué valiente o qué loco

hay que no elija el miedo?


¿Acaso es libre

la piel para negarse a la llamada

ardiente del placer?


Solo el malvado elige por su gusto

maltratar al inerme.


Los demás solo somos 

hojas secas que vuelan o se arrastran

al dictado del viento voluble de la vida.


Podemos elegir,

sí...


El perdonarnos

tanta fragilidad.


Seguir siendo quien somos

y proseguir andando hacia adelante,

tratando no dañar más de lo imprescindible

-ni a nosotros mismos.


Y a ratos intentar

incluso hasta dejarnos llevar por la ocurrencia

absurda

-y peligrosa-

de querernos.

Cansancios

 


No es solo la ambición disparatada

de acariciar las nubes...

Es tener que llevar tanta mochila a cuestas.


Es muy largo el camino.


Y muy cansado.


Pesa

el polvo acumulado

sobre los pies,

que arrastran su desgana

de seguir prodigándose por senderos que existen

porque fueron trazados por la deriva errática

de los pasos de otros, que, lo mismo que yo,

también iban perdidos.


He llegado hasta aquí,

y ya es bastante

haberlo logrado hacerlo casi indemne.


Después de ver las formas tan diversas

con que la vida puede sorprendernos

disfrutar de esta paz ,

este silencio y esta suspensión

total de los sentidos,

no es mucho, pero es más que suficiente,

se diría

que es toda una victoria.


No sé ni dónde estoy,

pero he decidido

que he llegado a mi casa.


Que este espacio baldío y olvidado en los márgenes,

es un lugar tan bueno como otro

para insubordinarse contra la tiranía

de la inercia, que apremia a moverse sin ganas,

porque toca moverse,

sin rumbo y sin destino.


Es tan liberador abandonarse

y dejarse mecer con suavidad

en los brazos mullidos de la abulia...


Ya nada queda hacer,

sino esperar la noche

para mirar de nuevo las estrellas

y admirarlas,

sin más,

sin pretender buscar en sus fulgores

los rastros de qué trágico o qué esplendoroso

porvenir nos aguarda.


Acaso sumergirse

en el dulce abandono del espíritu

en algo se asemeje a disfrutar

de una miniversión del paraíso

humana y asequible.


Lo que tenga que ser,

será,

siento por fin

que he encontrado mi sitio.


De aquí ya no me muevo,

si el futuro me aguarda, pues que espere sentado...


O que venga a buscarme.


Agujero negro

 


Ahora más que nunca,

temo quedarme aquí, empantanada,

cosechando pelusas, dando vueltas

en torno a las miserias de mi ombligo,

ese agujero negro

que me obligó a salir

al umbral de la luz

y a despojarme

de la memoria de aquel fulgor primero

que me infundió la vida.


Después ha sido todo

un lento deslizarse

por el camino lábil.

del incendio a la hoguera,

de la hoguera a la brasa,

de la brasa a las puertas

de la extinción.


Cada vez noto más

cómo huele a ceniza.


*****



que apenas si dispongo ya de tiempo

y que debo aplicarme en descubrir

cada titilación, cada destello efímero,

cada fosforescencia, cada misterio oculto

que todo ser esconde en su interior.


Quiero volver allí de donde vine,

a la entraña que gesta el germen de la luz,

con los ojos cargados de sorpresas

de esas que te encienden.


De esas que te alumbran

eternamente dentro.


Desmoronamiento



¿Se desmorona el cielo delante de mis ojos?

¿ O es que a mis pupilas no enfocan como antes

y donde ayer veían azules deslumbrantes

hoy apenas perciben cenicientos despojos?


Y ¿Qué le pasa al aire?¿Qué lo habrá trastocado

para olvidar que debe ser bienaventuranza?

¿Qué compulsión lo infecta, que apenas si le alcanza

para aliviar el ansia del pecho sofocado?


¿Es mi espacio o el mundo, esa global aldea

ruidosa hasta el espasmo febril, que lo rodea,

el que, a fuerza de extraño, se ha vuelto inhabitable?


O acaso es el ardid que usa la vejez,

te obliga a que en tu cáliz apures cualquier hez

hasta hacer de la muerte liberación amable.


Surfeando infinitivos





No hay amaneceres de domingo

que sirvan de aliciente para el triste


Limitarte a arrastrar

los huesos doloridos de un cuerpo fatigado

fuera de la tibieza confortable

del nidal de tu lecho.


No dar los buenos días

a este rayo de Sol

que llega a despertarte puntualmente.


Olvidar que eres luz

y condenarte

a vivir a merced de las tinieblas.


Existir para ser infinitivo

en un tiempo que huye, carente de relojes.


Surfear sin reposo

ese largo minuto, capaz de eternizarse

y convertirse en brasa,

al tiempo que buceas el fondo de tu abismo,

allí donde se van almacenando

inefables recuerdos.


Sentir cómo te inunda

el pecho la añoranza

por volver a sentir el alboroto

con que solía celebrar el pájaro

cautivo que me habita- hoy sumido en silencio -

la mañana que nace

cargada de suspense y de promesas.


Presentir que ha de ser la reconquista

bienhechora del gozo de su canto

tu ultima esperanza.