El
mayear de un corazón añoso
Mayear
añoso
!Mayo
glorioso, piel reverdecida!,
tocaría
hoy decir, con un muestrario
de
gozos en la voz agradecida,
tal
cómo nos reclama el calendario.
Jaculatoria
del devocionario
de la
rutina preestablecida
obviando,
en un envite temerario,
qué hija de puta puede ser la vida.
Señuelos
de la luz y los olores
te
tiende por doquier y sobreactúa
con la
vistosidad de sus folclores.
Así,
en el corazón, es milagroso
si todo
raso no se vuelve púa.
Es lo
que tiene un mayear añoso...
Triste
jubilación
Amar,
ya no amo más, aletargado
está
mi corazón de lo aterido
y falto
de vigor como ha quedado
después
que entre pasiones hubo ardido.
Que se
le considere jubilado,
con
plena convicción ha decidido,
es
querer ejercicio muy cansado
y por
nadie acelera hoy su latido.
No
importa si carente de ilusiones
no
encuentra excusa para el rapto ameno
en el
tiovivo de las emociones.
Acaso
ser feliz solo consiste
en un
vivir sin ansias, más sereno
y –
por qué no decirlo- algo más triste.
Melancólica
piel
Al
corazón, que oía los tremores,
anuncio
de inminente cataclismo,
fue
fácil tunearle los sensores
y
volvió a ser el dueño de sí mismo.
El
alma, que espulgaba desamores
fruto
de su irreal romanticismo,
abrazó
convencida los valores
fríos
y cautos del escepticismo
Pero a
la piel vital, que todavía
los
desafectos no volvieron roca
y
reclama caricias cada día,
a ver
quién ese fuego le sofoca...
Arder y
ser ceniza es lo que toca
e irse
aventando con melancolía.