miércoles, 22 de abril de 2015

Si Abril no fuese Abril


De que la sangre,
exhausta hasta la arritmia
 por  las austeridades del invierno,
se entregue nuevamente al jubiloso
manar emocional de la cadencia,
nadie es el responsable.

Si Abril no fuese Abril,
si no tuviera
ese afán de enredarnos,
si no trajese
esas suaves fragancias revoltosas
ocultas en los pliegues de la brisa
y esa acumulación de efervescencias
pululando en el aire,
acaso lograría perdonarlo.

El corazón ya carga en su macuto
suficientes batallas,
y sabe que se debe
a la asunción del riesgo de por vida
y a ir contando edades por derrotas.

Pero esa voluntad de confundir
la poca sensatez, sabia y escéptica ,
que aún le quedaba en su latido
a base de obstinarse en retratar
un mundo macilento
a través de sus vidrios de colores,
en pregonar lo onírico
como lo primordial
es toda un golpe bajo intolerable.

Si Abril no fuese Abril,
si no tramara
la confabulación de lo inasible
contra nuestros sentidos,
acaso no anduviese yo maltrecha,
maldiciendo su nombre
y exudando a destajo borbotones de lírica
por los cuatro costados.

En los brotes más tiernos de la hiedra
en verderón de siempre se columpia
mientras que me regala su arpegio diminuto,
delicado y feliz,
y me devuelve
al tiempo que tenía, sin saber bien por qué,
el impulso inocente de imitarlo.

Si Abril no fuese Abril,
acaso él no volviese.

Si Abril no fuese  Abril,
pérfido Abril,
embaucador Abril... mágico Abril...
habría que inventarlo.