viernes, 23 de septiembre de 2016

Un temblor




Hoy por hoy solo puedo
darme el lujo de ser observadora
de lo que arde y no levanta llamas.

Habré de conformarme
con escribir de las lucubraciones
que me inspira el liviano vuelo de las libélulas
y el canto del jilguero .

De los ecos que arranca
el viento de las copas de los olmos,
de cómo la luz logra
trasformar los paisajes y define
el modo en que sentimos,
vibrar con compulsión enfebrecida
de tristeza o de gozo
el alma trasparente de las cosas.


Hablar de todo y nada
y viceversa.

Del sexo de los ángeles...

Lo demás, lo que urge
el pulso
y nos calcina
la piel
y nos trastoca
el poco seso sano que nos resta,
es algo que se queda por temor
y suicida prudencia guardado en el tintero.

Un temblor que se muere
por brotar de los labios.

Un silencio que impregna
de un desasosiego  plomizo las mañanas













miércoles, 21 de septiembre de 2016

Sabiduría primordial



Ya sé

Hoy ya sé que no sé,
después de tanto
ir y venir del centro hasta los márgenes
y viceversa,
ardiendo
en el altar eterno de la duda
sobre si es el el pétalo o la esencia
la auténtica sustancia de la flor,
recalo en esta nítida
y sangrante certeza original
de mi ignorancia.

Acaso
sea llegar a esa conclusión
la única razón de la existencia.

Y sea este asumirnos rehenes de la lacra
del desconocimiento
lo que nos hace sabios.

Conscientes, vulnerables,
 seductoras y humildes  criaturas deslumbradas.

Pobres seres humanos afligidos.

Primordialmente libres.

Porque la rosa es rosa,
satén , aroma, seducción...
...espina.

Y no queráis cambiarla.








domingo, 18 de septiembre de 2016

Oficio de penumbras




Las alas no ha fallado,
ha sido el aire
el que no quiere hacerme más favores.

Y la luz se apresura
a seguir tras sus pasos y a ofrecerme
su variado catálogo de eclipses.

Por negarme , me niega
hasta su trino el pájaro.

Pero yo siempre he sido
de los de alma dúctil , que se ahorma
a cualquier privación.

De los que sobreviven
y entre cenizas medran.

Siento cómo me crecen
las ganas de volver a ser crisálida.


*****

Ya casi me resulta placentero
existir en penumbra.

Sentarme en un rincón
a observar como el tiempo se desliza
sobre la superficie de las cosas
y las va triturando,
sin sentir
ni frío , ni calor , ni azoramiento
ante el celo que pone en los expolios.


De qué puede servir vivir con desazón ,
cuando el final
desde el principio ha sido el cumplimiento
del veredicto cruel ,
que estuvo siempre ahí,
irrevocable,
sobre tu piel escrito.


Mejor no rebelarse inútilmente
y tratar de gozar del espectáculo
de tanta obsolescencia programada.

Mientas el cielo aguante sobre nuestras cabezas
y el aliento nos llegue.

Mientras sigan ardiendo los crepúsculos.

Y en los ojos nos quede algún fulgor.


*******


Abrazar la distancia te permite
enfrascarte a placer en su liturgia ,
amante de oficiar desde lo oscuro,
e incluso aquilatar
cómo se consolida tu desmoronamiento.


Soy la ausencia de todos
y el recuerdo de nadie.

Y no me importa,
contra todo pronóstico, lo cierto
es que nada me importa.

Conocer mi insolvencia me produce
una extraña quietud ,
algo suave que evoca la dulzura
de aquello que fue un día lo más cercano a un soplo
 de la la felicidad
y me aboca a aceptar sin dolor mi evidencia.


Que no soy ni el espectro de mí misma.

Y a ser esto que ahora
el curso de la vida me reclama.

La sombra de una sombra que va desvaneciéndose
sentada en un rincón.