martes, 24 de mayo de 2016

Escala al paraíso




Las piernas
estan ya muy cansadas y no quieren seguir.

Han sido demasiados escalones
los que me han traído hasta los  mismos límites 
de la extenuación

Y a partir de  aquí,
uno, más uno más,
-no hay otra manera de echar la larga cuenta-
la escalera prosigue y cada vez  se hace
inevitablemente cuesta  arriba.


 El corazón, sin fuerza en el latido,
 desmaya y duda
si no será mejor rendirse y terminar
o si vale la pena  el vencerse así mismo
y continuar resistiendo.

 Aferrarse al impulso de irracionalidad
que incita a pensar que los ojos no mienten,
que al mirar a la altura
la ilusión que guiaba la nave de tus sueños
aún refulge intacta.

Que con acorazarse contra el abatimiento
y alargar la mano 
 todavía podrías atrapar  una estrella.

Que no es imposible
dominar la penosa y gradual dificultad
antes de que la vida te derrote.

Que al llegar al último peldaño
no te saldrán al paso los dos ángeles negros
que guardan el secreto más valioso
de todo paraíso que se precie:

Si existe es para ser
 señuelo y perdición.

Y tras el espejismo dorado de su enigma
se encuentra solo el tedio
eterno e infinito de su abismo.


lunes, 23 de mayo de 2016

Cabeza a pájaros


Siempre me supe dueña
 de un corazón alado.
Y últimamente siento como se me contagian
todas la veleidades   y trasiegos
que  traza sobre el aire cualquier tipo de   pluma.


Esta tristeza de ruiseñor que intuye
que su trino no alcanza a detener la huida
 de las horas  más tibias de la tarde
 ni impedir el destino de humus de la rosa.

 Este aprensión  de pájaro de barro,
delicada ocarina,
 por la ferocidad con la que el agua
se ensaña con la piedra 
mientras finge que entona dulcemente
una canción de cuna, sabiendo como sabe,
 que llega una estación pródiga en lluvias.

Esta resignación  de pájaro expatriado
 a mirar  como trazan las garzas sus senderos
mientras sueña en silencio  que  aún  lograría
alcanzar una tierra más cálida y fecunda
 si le creciesen alas.

 Es lo que tiene  ir evocando octubres
en pleno mes de Mayo ...
Que todo lo subvierten
y  se empeñan en irse vaciando sobre el mundo
con una luz  traslúcida   y un tanto melancólica
que acaba perturbándonos.

Y acaba despertándonos
esta ambición de pájaro carnívoro
por todos los dolores que te deja
los ojos secos,
el cuero a la intemperie
 y en carne viva al alma.


Y la  cabeza ,pobre, convertida
en una ingobernable pajarera.

Oficio de arrebatos



Sucede en ocasiones
que la vida se queda empantanada
entre dos estaciones desabridas,
sin emoción ni estrés,
donde no te conmueven
el frío o el calor.

 Su plano discurrir
no te da  ni un motivo , ni una excusa
de reír, de llorar,
de contar nada 
que merezca la pena reseñarse,
 gastando en el   relato 
el tiempo, la saliva y las palabras.

Entonces te dedicas febrilmente
a  levantar alfombras y ver si está escondido
debajo por  sorpresa
el mundo en el que habita tu unicornio.

A limpiar los cristales para ver
más nítidas las nubes
 y a perseguir aladas fantasías
por  los cielos de nadie.

A regar el jardín 
cuando está iluminado por  la Luna
para ver si los lirios te regalan
una  historia de amor.

A levantarte 
antes que salga el Sol ,para exprimirle
 a  la primera la luz de las mañanas
la justificación para un poema.


Luego están esos otros
días en que la vida, sin aviso,
se despereza, 
se quita las legañas,
se mete en  su corsé de femme fatal
y le da por ponerse interesante...


Entonces ya no hace  mucha falta
echar mano al oficio de contador de historias
que llevas en tus genes.

Solo es enamorarse
del latido procaz de cada hora.

Y sentir.

Y escribir, dejando que  se asome
el alma por la pluma.
hasta que las costuras te rechinen.

Hasta que sientas qué deleite causa
sumirte en tus abismos
para alumbrar verdad.

Y el ir certificándola
con la rúbrica roja
y arrebatada de  tu propia sangre.




domingo, 22 de mayo de 2016

Destierro


¿Qué fue  de ti?

Apenas pude verte
al volver un recodo del camino
y creí adivinar   en tus acentos,
en su emoción   difusa, 
los ecos cristalinos que dimanan
de la auténtico y libre
y lo convierte  único.

Luego siguió la vida y sus urgencias
nos poblaron de ruidos los paisajes 
y se apagó tu voz 

Todos los pájaros
cantaron a la vez, todas las brisas
rondaron al unísono enardecidamente
el verdor hechicero de las ramas, 
pero no hubo
manera de  ocultar una carencia
que  era nuevamente  mudez hecha diluvio
    sobre tierra callada .

Y  se  hizo más sólido e hiriente
el silencio interior.

Qué fue de ti...

Qué   fue , también , de mí , que me miré
en tu espejo y acaso
primero en tu ilusión, luego en su ausencia,
  soñé reconocerme.

Hoy, sin saber por qué,
me siento como ajena de mi misma .

Una sombra que vaga errante por el mundo
doblemente expatriada.

Encrucijada final



De sobra lo sabemos, no hay camino,
se va haciendo al andar, mil direcciones
ofrece cada cruce  y tu destino
lo vas labrando con tus decisiones.

Lo sensato es llenarse de canciones
los bolsillos, purificar lo endrino
del corazón  y hacer tus ilusiones
tu auténtico lucero matutino.

Y llegado al final, elegir muerte,
negándote a admitir pálpito y susto
un modo de existir de duelo  en feria.

Cruzar los dedos y esperar la suerte
de  durar solamente el tiempo justo,
antes   de que nos llegue la edad de  miseria.

Mansión deshabitada





A mí no me preguntes.

Yo tampoco lo sé.

¿ Cómo ha ocurrido
que  el cóctel de ilusión
y estrellas rutilantes sobre un cielo de agosto 
 que había en mi mirada
se haya convertido  en  una líquida
resaca en la que flotan 
residuos de una   luz amortajada.

En qué momento
tu corazón dejo de ser un bailoteo
de alegría vital sobre las ascuas
de la pasión
y , sin  casi sentirlo , su entusiasmo
se transformó en cenizas.

Cómo se trastornó la resonancia
 entre nuestros espíritus y nuestas manos
se fueron distanciando.

Será que estamos hechos
de materia caduca.

Que por más que queramos 
y empeñemos
en ellos nuestra sangre y nuestra vida,
los sueños, sueños son
y no suelen cumplirse.

Y menos si pretenden liberarnos 
de ser ensimismadas
criaturas solitarias e infelices.

A mí no me preguntes.

Como tú,
carezco de respuestas y no tengo argumentos
para explicar  por qué existe la esperanza
solo para poder seguir desesperando

 Solo tengo esta inmensa  sensación de tristeza
que me embarga y me oprime.

Que me obliga al suplicio de pasarme las horas
viviendo  por vivir
como quien sobrevive como ánima en pena
vagando por estancias donde no entra el sol
dentro de una mansión desahabitada.

Llegados a este punto
yo solamente sé  que nada sé...

Y que  nunca te exime
del dolor la ignorancia.









¿ Quién lo sabe?


¿ Qué es la poesía? ¿ Quién lo sabe?
¿ Dónde anida en silencio y al calor
de la delicadeza y el amor
la sencillez que suele ser su clave?

¿ Qué mueve el arquitrabe
de luz en que dormita el ruiseñor
y lo obliga a volverse el trovador
de la vida que exulta con voz suave?

Con qué hechizo aligera
las cuadernas del aire  hasta que espigue
entre tanto suspiro el que conmueve.

De  qué modo libera
al alma de sus penas  y consigue
que  el peso  de existir mejor se sobrelleve.