Los posos del café
únicamente son unos residuos mudos,
además de inocentes.
¿ De qué nos sirve el vivir alerta
y acechando señales?
El derramar la sal no anuncia ruina
ni atrae las desgracias
el graznido del cuervo.
Desde antes
que los ojos se abran a la luz,
la suerte ya está echada.
Además, que lo cierto
es que en realidad
no tememos la muerte,
lo que nos amedrenta es el dolor
Y lo que nos espanta es el olvido.
Conocer que seremos solamente
unas cenizas tristes, entregadas
al albur de la brisa.
Y, con algo de suerte,
un puñado de anécdotas.
Trazos a vuela pluma en la memoria
de otros infelices, condenados
a ir desvaneciéndose sobre el trasluz del tiempo.
Para todos nosotros,
porque un día nacimos ya estando desahuciados
son los góspels que entonan los árboles y el viento.